jueves 29 de agosto de 2013, 18:20:49

Tipo de Entrada: RELATO | 991 visitas

Este Agosto hemos hecho un par de excursiones: a los macizos del Monte Perdido y de la Maladeta. Ahí va un resumen.

Miércoles 21 de Agosto de 2013
 
Once años – y diez días, para ser exactos -  después de nuestro primer tres mil, el Monte Perdido, nos ponemos en marcha de nuevo hacia los Pirineos. Salimos de casa a las 9:30 de la mañana y llegamos al Camping Pineta sin prisas  para comer a las 13:45. Con mucho calor y la barriga demasiado llena nos ponemos en marcha a las 17:00 dispuestos a subir con todos los trastos al collado de Añisclo. He leído por ahí que son unas cuatro horas o sea que teniendo en cuenta que vamos cargados a tope con tienda, etc, vamos un poco tarde. Llevo el verano entero en “paro montañil” debido a una tendinitis en el tendón de Aquiles derecho; harto de esperar una mejoría, he optado por no utilizar en absoluto las patas en estos dos meses y hoy veremos qué pasa.
 
Estoy de suerte, tras sólo cuatro horas y cuarto conseguimos llegar medio a oscuras al collado; son unos 1.200 m. de desnivel y ya sólo se trata de plantar la tienda donde sea. Andando cinco minutos más por el GR intuimos entre las sombras unas tiendas plantadas en una zona plana. No nos lo pensamos dos veces y plantamos la nuestra unos metros antes. Estamos tan cansado que no tenemos ni hambre, simplemente nos tomamos una sopa caliente para hidratarnos y a dormir.
 
Jueves 22 de Agosto
 
No conseguimos salir del saco hasta las 7:45. Hace muy buen día, descubrimos que más adelante hay plantadas tres tiendas; desayunamos, tumbamos la tienda y nos ponemos en marcha a las 9. Saludamos a nuestros vecinos al pasar por su lado y siguiendo el GR dirección Góriz enfilamos nuestro primer objetivo del día: la Punta de las Olas, de 3.002 metros. Subimos sin novedad, pasando las cadenas de que nos han hablado – sólo necesarias en caso de hielo – en dos horas y media efectivas, tres reales tras parar media hora a desayunar en el desvío a la derecha hacia la cima del GR.
 
Son las 12 del mediodía y tras diez minutos en la cima seguimos hacia el Pico de Añisclo (Soum de Ramond). Se ve más lejos de lo previsto y empezamos bajando, cosa que te hace pensar en la vuelta... en aproximadamente una hora y media y siguiendo hitos fácilmente nos plantamos en la cumbre, a 3.254 metros.
 
Preguntando en el foro de Madteam por esta ruta el día antes de partir, un colega nos habló de la posibilidad de enlazar esta cima con el Perdido y cuando lo estábamos mirando, vemos a un montañero solitario que se acerca desde él. Esperamos que llegue hasta nosotros el único humano que hemos visto en toda la mañana (de cerca, en la cima del Perdido se ve gente) para que nos explique qué tal. Al llegar nos dice que hay una cresta muy fea y suerte que la ha hecho en nuestra dirección, que es más difícil hacia allí. Como él va hacia Pineta, volvemos juntos tan tranquilos; mientras nos explica que salió ayer de Pineta, hizo los Astazus, durmió en Tucarroya, hoy ha subido al Perdido y tras el Añisclo y las Olas vuelve al punto de inicio - ¡ah, qué bueno ser joven! – se  levanta una niebla que viene de Ordesa y limita la visibilidad. Mientras descendemos – ahora toca bajar  para luego volver a coronar la Punta de las Olas para luego descender definitivamente – aparecen de la nada dos chavales más preguntando por el paso entre las Olas y el collado de Añisclo y así ahorrarse la bajada “normal” por el GR. Como es por donde tenemos pensado volver, se añaden al grupo ya que además van algo despistados pues después de coronar las Olas ya iban hacia el Añisclo. Estos dos jóvenes van de travesía en plan ligero con una minimochila; han salido de Bucaruelo hacia Góriz y su final de etapa es en el refugio de Pineta. Volvemos a estar en la Punta de las Olas a las 15 horas, es decir, tres después de llegar a ella, y en medio de la niebla nos despedimos del primer chaval que hemos encontrado y que prefiere bajar por la “normal” para ver las cadenas.  Nosotros dos más los jovencitos nos zambullimos en la niebla siguiendo los hitos del vamos a llamarle atajo. 
 
La bajada es parecida al famoso pedregal (tartera) del Pedraforca. Nos vamos apañando, ellos toman ventaja y nosotros llegamos a la tienda a las 16:15, es decir, en 1h15’ desde la cima. Tras haber leído dos reseñas podemos decir que estamos de acuerdo en lo que dicen, o sea, que para subir mejor por la normal y para bajar por aquí es bastante más rápido pero no recomendable para subir ya que te hundes mucho en la piedra deshecha.
 
Lo suyo sería bajar hasta el coche pero en mi guión siempre ha estado el dormir de nuevo en el collado para no forzar mi tendón; han sido siete horas de actividad y está tocado. El problema es que hemos llegado demasiado pronto y mi inquieta compañera Mercè que está en plena forma querría bajar aunque como ve que estoy pal arrastre...
 
La niebla ya lo domina todo y hace fresquete; nos lavamos como podemos con ayuda de un nevero (por aquí no hay agua), nos cascamos una merienda-cena de primera con nuestro vino y tal y nos metemos en la tienda pronto. A eso de las 8 oímos un trueno y salgo a toda velocidad a poner vientos y alguna piqueta más por si las moscas en mi Salewa Sierra Nevada que tiene más de 30 años. Seguimos charlando a medida que la tormenta se acerca; con nuestra nueva Vaude – sólo es del 2007 – me hubiera puesto a roncar pero como mi querida Salewa es algo más pequeña y ligera, la escogí pensando que no llovería. Por suerte, llovió pero no en exceso. Mercè me hace ver que es un digno final para ella pero es que me cuesta tanto desprenderme de las cosas que me han dado tantas alegrías... 
 
Viernes 23 de Agosto
 
Nos levantamos tarde, a las 8:10; hace un día espléndido y estamos a 9º C. Desayunamos tranquilamente esperando a que toque el sol en nuestro campamento y lo seque todo. A las 10 salimos.
 
Mis tobillos en particular y mis piernas en general están peor que nunca. Si tardamos 4h 15´ en subir bajaré en 3h25’, prueba de lo cascado que estoy al margen de los 1.250 metros de desnivel. Yo soy de los pocos – creo – que baja mejor que sube pero esta es la peor bajada que recuerdo.
 
A las 13:25 llego al refugio de Pineta – Mercè ya me estaba esperando – donde nos cascamos un aperitivazo; ahí decidimos “mudarnos” a Benasque para seguir con nuestras vacaciones. Eso supone hacer unos 90 km,  llegando tranquilamente al camping Aneto, en Benasque, sobre las 17:30. 
 
Nos pegamos una ducha de esas que casi acaba con el agua caliente del camping, un relax y nos vamos a cenar al bar a que nos hagan la cenita.
 
Sábado 24 de Agosto
 
Nos levantamos sin ninguna prisa. Hoy es el típico día que tenemos todos alguna vez cuando no vamos solos; surgen fricciones en cuanto a objetivos, modo de lograrlos, reproches tipo “mi ritmo es diferente al tuyo”, etc. Como siempre en un equipo tan consolidado como el nuestro – el 99% de cimas las hemos hecho juntos – se acaba llegando a un consenso: mañana intentaremos por segunda vez las Maladetas Occidentales; hemos hecho dos veces y por las dos vertientes el Pico de Alba pero la vez que intentamos el resto no pudo ser por la meteo. Subiremos en el día así que habrá que madrugar ya que hay que coger el primer bus a La Besurta, que pasa por el camping a las 4:35 a.m.
 
Dedicamos el día a reparar mi tendón y comprar comida para hoy y mañana. A las 10 de la noche ya estamos en el saco.
 
Domingo 25 de Agosto
 
Suena el despertador a las 3:45 a.m. Las mochilas irán sólo con lo justo y ya las preparamos ayer; un zumo, un café y un bollo y para el bus, que pasa superpuntual. La ida y vuelta a los dos nos cuesta 21 €. Viene con una persona, subimos ambos y en Senarta sube otro solitario. Al llegar a Llanos la cosa cambia, suben unas 20/25 personas, lo que implica una cierta demora. Al llegar a la Besurta nos ponemos todos los frontales y empezamos a caminar a las 5:15
 
Llegamos a la Renclusa en 39 minutos (este pie mío...) y acto seguido nos quedamos solos enfilando hacia nuestro destino ya que absolutamente todo el mundo va en dirección a los Portillones... ¿irán al Aneto?
 
Creo recordar que sobre las 9:30 paramos a desayunar por encima del collado de Paderna, justo antes del caos de bloques y piedra suelta que nos espera. Mi ritmo es lento pero constante; reponemos fuerzas con un buen bocadillo y media hora después seguimos, dudando el camino a seguir. Sabemos que tiene que haber un desvío a la izquierda de la ruta hacia el Alba para ir hacia el collado homónimo pero entre los bloques y los hitos dispersos nos cuesta orientarnos. Al final nos guiamos más por intuición que por hitos y enfilamos hacia el collado; lo malo es que en su base hay un nevero respetable y después de llevar cada día los crampones encima sin utilizarlos, ¡hoy los hemos dejado abajo! Decidimos acercarnos al máximo y allí ya veremos.
 
Al llegar al nevero nos parece ver un resto de camino a su izquierda pero hay que atravesarlo y la nieve está durísima por lo que decidimos empezar por el Diente de Alba; nos espera una fuerte y corta subida (entre el diente y la Muela) con piedra suelta de esa que das un paso y retrocedes medio pero lo conseguimos. A las 11:10 hacemos cima en el Diente (3.136 m.)
 
El día es magnífico y mientras nos hacemos fotos llega un joven desde nuestro próximo objetivo, el Mir. Como tengo una habilidad especial para confundir picos y subir a uno pensando que es otro, su aparición nos viene como anillo al dedo porque un tío que va solo por estos lares seguro que a parte de saber, va bien documentado. Nos explica que viene de Cregüeña y ha hecho Le Bondidier, Sayó y Mir y que sin perder demasiada altura podemos llegar al collado entre estos dos últimos. Nos despedimos agradecidos por la información y haciéndole caso llegamos al Sayó (3.211 m.) en menos de una hora; de ahí continuamos al Cordier (3.254 m.), nuestra máxima altura alcanzada hoy en veinte minutos más. Aquí las vistas sobre el glaciar de la Maladeta son espectaculares, queda más nieve que muchos otros años. A lo lejos vemos gente en la cima del Aneto y más cerca, los Malditos y la Maladeta Occidental; a nuestra derecha el solitario valle de Cregüeña con el Aragüells en su cabecera. En diez minutos estamos de regreso al Sayó y bajamos al collado entre éste y el Mir, donde hemos dejado las mochilas. Son las dos de la tarde y vamos a comer disfrutando de las vistas, no sin antes hacer el Mir pues Mercè me recuerda que el chico nos advirtió de que no era fácil y que mejor subir primero y comer después, no sea que luego nos diera pereza. Allá vamos...
 
Si subes directo tienes una piedra lisa casi de inmediato y un buen patio por la derecha por decirlo suave para los que tienen vértigo como nosotros. Como no alcanzo a ver qué viene después, es decir, cuán estrecho es el filo de cresta que queda optamos por subir siguiendo los hitos que rodean todo eso por la izquierda, por la vertiente del collado de Alba. Subimos hasta la cima Sur (3.185 m.) y ahí vemos la cuerda colgando que nos explicó antes el joven que te descuelga con más patio todavía para poder continuar hacia la cima Norte, de la misma altitud, y a continuación a la Punta Delmás, 15 metros más baja.
 
Como esto del vértigo a mí me va a días y hoy toca mucho, tanto Mercè como yo decidimos que cuatro tres miles ya están bien para una mañana así que nos volvemos por donde hemos venido para ir al collado a comer. Allí disfrutamos de un buen jamón y unas cervecitas – ventajas de no llevar peso en la mochila – y un día espléndido. A las tres de la tarde y sin ninguna prisa emprendemos la vuelta, ahora por el mismo collado de Alba y bajando por en medio del nevero sin ningún problema ya que ahora la nieve está blanda. Hemos pasado más de cinco horas a más de tres mil metros y ahora nuestro siguiente objetivo es no volver por la Renclusa sino que al llegar al collado de Paderna nos desviaremos a la izquierda para hacerlo más distraído. Siguiendo hitos dispersos bajamos un poco a lo salvaje hasta llegar directamente a los Llanos del Hospital a las siete de la tarde, es decir, 13 horas y 45 minutos después de bajar del bus en la Besurta.
 
Ha sido un día perfecto, caminando sin prisa pero sin pausa, sin ningún incidente y viendo a un ser humano en todo el día. Para haber hecho cuatro tres miles en el corazón de los Pirineos en un domingo de Agosto tiene mérito.
 
Al día siguiente, lunes, desmontamos nuestro “campo base” y volvimos a casa. Han sido seis días para seis nuevos tres miles. No deja de sorprenderme que con lo poco que sabemos de montaña – todavía a día de hoy soy incapaz de hacer un nudo como Dios manda – y con lo tarde que hemos empezado ya podamos llevar 57 tres miles diferentes en los Pirineos...
 
PS: algunas fotos de la excursión en http://www.madteam.net/fotografia/albums/8135-sis-tres-mils-en-sis-dies/



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